domingo, 30 de abril de 2017

Sueños cruzados

Sus miradas volvieron a cruzarse con timidez, una noche de sábado más, mientras cada uno de ellos intentaba disfrutar de la compañía de sus viejas amistades y pasar un buen rato. La mayoría de las veces, sin ningún éxito, muy a su pesar. ¡Maldita compañía!, debía de pensar él, cada vez que chocaba con el intenso brillo de sus ojos, sabiendo que podría estar pasando aquellas horas a su lado. Ella era todo lo que él siempre había buscado, aunque, a decir verdad, hasta que la conoció no sabía que hubiera estado buscando nada. ¿Pensaría ella lo mismo?, eran las únicas palabras que se hacían eco en su mente, una y otra vez, mientras removía su copa sin parar y fingía prestar atención a sus amigos.
¡Pero cómo iba a saberlo!, los nervios se adueñaban de él por completo cuando ella esbozaba aquella dulce sonrisa, la misma con la que ya había soñado más de una noche. ¿Dar el paso él y acercarse a hablar con ella?, ¡pero qué locura, y con tanta gente en el local! Ya se daría la ocasión, tarde o temprano, ¡cuestión de tiempo! O, al menos, eso era lo que a él le gustaba pensar, aunque tal vez no fuera más que la excusa perfecta para su falta de coraje. Mientras tanto, ella seguía preguntándose, todas las noches, por qué aquel chico tan interesante apartaba su mirada cuando ella le regalaba su sonrisa más sincera. Y es que también él se había colado alguna que otra vez en sus sueños, aunque no tuviera forma de saberlo. Sin embargo, las semanas iban pasando una tras otra y, a diferencia de sus sueños, sus caminos nunca llegaban a cruzarse. ¿Dar el paso ella y acercarse a hablar con él?, ¡pero qué locura, y con todos sus amigos delante! Al final de la noche, cada una de aquellas miradas no sería más que una nueva oportunidad perdida.
Si algo cierto hay, es que nada dura eternamente, y menos ocasiones como aquéllas. Un sábado más, después de una larga semana como las anteriores, acabaría siendo muy distinto al resto. Aunque aquella noche el local estaba más lleno que nunca, él nunca lo había notado tan vacío. Buscó su mirada sin descanso por todos los rincones, pero ella no estaba por ninguna parte, y ya nunca volvería a dejarse ver por allí. A pesar de que su camino siguió hacia adelante, nunca logró olvidar la luz de aquellos ojos que un día le robaron el corazón. Pero, a veces, la vida guarda pequeñas sorpresas bajo su manga. Pasaron muchos años, ¿cuántos?, nunca se había parado a contarlos. Fue en el momento más inesperado del camino, cuando sus miradas se cruzaron de nuevo, y aquella vieja sensación despertó para recorrer sus cuerpos una vez más. ¿Daría el paso alguno de los dos?, ¡sería una locura no hacerlo!

El Show de Truman The Truman Show Jim Carrey Ed Harris
Foto: El Show de Truman (The Truman Show) (1998) Dir. Peter Weir

domingo, 2 de abril de 2017

El hombre perfecto, Parte 2

Cada lunes, recién entrada la mañana, se repetía la misma historia. Apenas había cruzado las puertas del instituto, pero sus compañeros ya le habían rodeado por completo, cortando su camino hacia la clase. Deseosos por saber cómo había ido su fin de semana, no le dejarían avanzar hasta escuchar de su boca las últimas noticias, recién salidas del horno. Lejos de molestarle todo aquel teatrillo que se formaba siempre a su alrededor, no había nada mejor para su ego que ver cómo la admiración brillaba en los ojos de los demás. De hecho, presumir de sus aventuras amorosas delante de todos era, para él, incluso mejor que vivirlas. ¿Por qué se iba a comprometer con alguna de esas chicas?, ¡ser el rey de la clase no tenía precio!
Sin embargo, durante varios años parecía haber olvidado que su vida un día había sido así. Una de aquellas chicas, con las que tanto le gustaba jugar, logró robarle el corazón, y tal vez algo más que eso. Ella fue modelando poco a poco su carácter, con una gran sutileza, mientras la felicidad iba cegando cada vez más los ojos de él. Su rebeldía pronto fue desterrada, y la humildad acabaría ocupando al fin el lugar de su arrogancia. El resto, sería cuestión de tiempo, hasta que finalmente se convirtió en el hombre perfecto. Y aunque al principio sus viejos amigos fueron los únicos en notarlo, él mismo acabaría dándose cuenta, cuando empezó a hacer muchas de esas cosas que siempre había odiado, sólo por ella. Cada vez que se peinaba esa ridícula ralla a un lado, o cuando vestía con aquel anticuado jersey que ella misma –cómo no le había regalado, algo se removía de arriba abajo en su interior, sobre todo cuando sus amigos se divertían a su costa. Con el paso del tiempo, su cabeza terminaría convirtiéndose en una olla a presión, una bomba de relojería que, algún día, tendría que estallar.
La explosión llegaría cuando nadie lo esperaba, justo en medio de aquel local al que tanto iban –por supuesto, sólo porque a su "amor" le gustaba–, y delante de la mirada atónita de todas las amigas de ella. Después de reventar contra el suelo las jarras de cristal que acababa de pagar, de su boca ya no saldrían más versos de amor. Los duros reproches dejarían sin palabras a su chica, y a todos los presentes con la boca abierta, ¿podría haber una liberación mejor? Sin embargo, los cristales rotos y la rabia de aquellas palabras no llegarían a salir de su imaginación. Toda su frustración se convirtió, una vez más, en aquella cínica y seductora sonrisa que tanto le gustaba a todo el mundo. Al fin y al cabo, él era el hombre perfecto por el que todas sus amigas suspiraban.

Grease Randal Kleiser John Travolta
Foto: Grease (1978) Dir. Randal Kleiser

domingo, 12 de marzo de 2017

El hombre perfecto, Parte 1

Por fin era viernes y, como cada semana, sus amigas y ella habían quedado en el mismo sitio de siempre. Todas charlaban y reían como de costumbre, pero la mente de una de ellas andaba en otro lugar. La joven no podía dejar de devorar sus uñas, preguntándose dónde podría haberse metido su chico. Pero la espera no tardaría en llegar a su fin, tras varios minutos que para ella fueron horas, las puertas del bar se abrieron de par en par. Nada más cruzar la entrada, todas las miradas se dirigieron hacia él, era siempre el centro de atención allá adónde iba. Como si llevaran años sin verse, la inquieta novia dio un brinco de su taburete y corrió a su encuentro como una flecha. La pareja se fundió en un intenso abrazo, a ella le encantaba esa indescriptible sensación de tenerlo entre sus brazos, aunque lo que más le gustaba era, sin lugar a dudas, ver cómo los celos invadían la cara de sus amigas.
Para las amigas de ella, él era el hombre perfecto, todas suspiraban cada vez que aparecía. Era un joven alto y atractivo, de muy buena apariencia. Ninguno de los otros chicos de por allí vestía con tan buen gusto, nunca dejaba ni un solo detalle de su imagen al azar. Además, era simpático y educado, pero no aburrido. Era listo e ingenioso, pero no arrogante. También era detallista y generoso, lo primero que hizo, después de saludar a todas sus amigas, fue ir a la barra para invitar a su chica. Cerveza sin alcohol para los dos, como no, ella quería que fuera así. En cambio, los amigos de él pensaban algo muy distinto. ¿Qué había sido de su viejo amigo?, aquél que no creía en el amor, el mismo que siempre sería un alma libre. Ellos bien lo sabían, poco a poco se había ido convirtiendo en una persona diferente. Ahora era el blanco de todas las bromas, los suspiros de las chicas no eran nada al lado de las risas de sus compañeros. La primera vez que apareció con aquella pajarita que su “amor” le había regalado, las carcajadas se hicieron eco por todas las paredes. Luego vendrían el jersey de punto de las últimas navidades, la camisa de lino y aquellos mocasines que ni siquiera su padre se pondría. Y aunque él siempre hiciera ver que nada le importaba, la realidad era bien distinta.
Todo aquello llevaba varios días rondando su cabeza, ¿por qué tenía que vestir esa ridícula pajarita de la que todos se reían? ¿Y por qué tenía que beber esa estúpida cerveza sin alcohol que no sabía a nada? El olor dulzón de su colonia, esa que ella misma le había regalado por su último aniversario, comenzó a invadir cada uno de los rincones de su cuerpo, ¿era posible que hubiera algún olor más desagradable en el mundo? ¿Cuándo demonios había dejado de tomar sus propias decisiones? Las risas de sus amigos comenzaron a resonar en el interior de su cabeza, cada vez con más intensidad, hasta que ya no pudo más. Todas aquellas emociones que tanto tiempo llevaba reprimiendo al fin verían la luz, cuando reventó las jarras de cerveza contra el suelo y lanzó un grito de ira que dejó el local enmudecido.

El Gran Gatsby The Great Gatsby Baz Luhrmann Leonardo di Caprio
Foto: El Gran Gatsby (The Great Gatsby) (2013) Dir. Baz Luhrmann

domingo, 19 de febrero de 2017

Por destino la locura

Aunque todavía era posible ver a una tímida Luna, los primeros rayos del alba ya habían entrado en escena. Aquellas no eran horas para merodear por allí, la carretera que cruzaba aquel árido paisaje estaba desierta, casi por completo. Una alargada silueta atravesaba la calima a toda velocidad, las manos que sujetaban el volante bien sabían que detenerse no sería una opción. Su juicio estaba nublado por completo, los tambores no dejaban de resonar en su cabeza. Ajeno al peligro que se alzaba ante sus propios ojos, el temerario conductor cerró los ojos por un momento con una inquietante tranquilidad. La locura no era la única causa de sus delirios, algo más había empezado a correr por sus venas sin control.
Las millas se sucedían una detrás de otra, parecía que ningún obstáculo pondría fin a aquel disparate, un viaje absurdo con la muerte como único posible destino. Pero, ¿de qué estaba huyendo?, sólo él podía saberlo con certeza. ¿De la muerte, tal vez?, no eran pocos los que habían puesto precio a su cabeza. Llevaba años tentando a la suerte  con sus turbios negocios, las mismas drogas que ahora nublaban su mente tenían la culpa. ¿Del vicio, entonces?, la adicción había domado su voluntad hacía años. Quizá aquello fuera razón suficiente para muchos, no para él, había elegido libremente aquel camino. ¿Podría ser por amor?, ese mismo amor que tanto había envenenado su alma, mucho más que cualquier otra sustancia. Sin embargo, y a pesar de la intensidad de aquella pasión, de todos los momentos compartidos, ella siempre fue la última de sus prioridades. Nada de aquello tenía que ver, ¿es que acaso tenía que haber algún motivo? Si aquel trayecto era un sinsentido era, precisamente, porque no había ninguna razón.
La vida para él era poco más que un juego, una continua partida de cartas, nunca se había tomado nada con seriedad. Los últimos años se había dedicado a tomar errores por decisiones, pero era lo único que le hacía sentirse vivo. ¿Qué importaba todo lo demás?, hacer lo correcto era demasiado aburrido, ¡aquello sí que sería echar a perder su vida! No era sólo aquel viaje, su vida entera no tendría más destino que su propia locura. El camino era ahora un callejón sin salida, y el final parecía estar muy cerca. Los dados estaban en el aire, y el redoble de los tambores era cada vez más intenso. Si todo tenía que acabar, ¿a quién le importaba?, su trastorno le había devorado hacía ya mucho tiempo. Pero el apetito de su demencia era voraz, y no iba a saciarse sólo con él. El asiento del copiloto no estaba vacío, también aquella joven aterrorizada sería víctima de su locura.

Pulp Fiction Quentin Tarantino John Travolta
Foto: Pulp Fiction (1994) Dir. Quentin Tarantino

lunes, 13 de febrero de 2017

El amor de su vida

       Al fin lo había conseguido, noche tras noche soñando lo mismo desde hacía años, su rostro lo reflejaba perfectamente. Las lágrimas podrían saltar de aquellos ojos vidriosos de un momento a otro, y su cara tenía dibujada una estúpida sonrisa de felicidad. Una luz muy tenue teñía de un intenso rojo las paredes, a juego con los pétalos que había esparcidos por todas partes, la ocasión bien lo merecía. Todavía le costaba creerlo, la mujer a la que había amado toda su vida estaba allí, tumbada al otro lado de la cama. ¿Podría sentirse más afortunado?, ¡claro que no!, todo estaba sucediendo tal y como él lo había imaginado tantas veces en su cabeza.
       Quizás fuera poco más que un niño la primera vez que la vio, pero su corazón quedó prendado para siempre por el verde salvaje de sus ojos. El amor era para él algo extraño, un idioma que nunca nadie le había enseñado, hasta ese preciso instante. Justo cuando sus miradas se cruzaron, lo entendió perfectamente. Aunque varios años de instituto les unieron, él era un chico tremendamente tímido. Pensó que la amistad sería un buen comienzo, necesitaba que ella estuviera en su vida de algún modo, y tal vez algún día aquello podría cambiar. Sin embargo, nunca tuvo el valor suficiente para dar un paso hacia adelante. Los años fueron volando uno a uno, mientras sus noches se consumían lentamente, siempre con su imagen como estrella. El tiempo condenó su indecisión, y como sentencia vería sus caminos separados, cada vez más y más. Lo único que todavía le mantenía unido a ella, su amistad, terminó siendo todo un tormento. ¿Cómo pudo llegar a pensar que ser amigos sería una buena idea?, estar a su lado sin poder tenerla, sin poder decirle todo lo que sentía, era la peor de las torturas. La esperanza mantuvo vivo su amor durante años, pero la desilusión lo convirtió rápidamente en obsesión. Los sueños que le hacían volar cada noche pasaron a ser terribles pesadillas, la ilusión de la que se había alimentado tanto tiempo dio paso a un dolor que no podía soportar.
Pero aquel sufrimiento no sería eterno, un día tomó la firme decisión de dar un giro a su destino. Después de aquello, ya no tendría que soñar más, ni tampoco volvería a llorar de desesperación. Ahora ella era para él, sólo para él, no había nada ni nadie entre los dos. Los nervios asaltaron su cuerpo por completo, su mano no dejaba de temblar. Cuando por fin acarició la cara de su amada, sintió que su piel estaba algo más fría de lo habitual, aunque él ya se imaginaba que sería así. Al hacerlo, sus dedos se mancharon de sangre, pero tampoco aquello tenía importancia para él, nada iba a poner fin a la magia de la escena. La vida les había separado demasiado tiempo, ahora la muerte les uniría para siempre.

Forrest Gump Robert Zemeckis Tom Hanks
Foto: Forrest Gump (1994) Dir. Robert Zemeckis

martes, 7 de febrero de 2017

Crisis emocional

Cuando ya no tenemos más remedio, todos huimos del frío. Es entonces cuando buscamos el calor, y siempre lo encontramos en un fuego distinto. Y al final, siempre volvemos a quemarnos, y entonces pensamos que algún día aprenderemos de una vez la lección: “La persona a la que amas es la única que puede llevarte a lo más alto”. No tienes nada mejor, será mejor que vuelvas y la encuentres.
Como niños escondidos en un armario, no podemos saber lo que pasa fuera. Y es que a veces todos nos salimos de lo habitual, nos dejamos llevar por trucos baratos, o por unas palabras ingeniosas. Pensar que la persona a la que amas te puede hacer daño ahora resulta algo difícil de creer, pero no olvides que todo el mundo a veces muerde la mano que le da de comer.
Un joven cualquiera miró un día a su alrededor, y entonces se dio cuenta de que todo el mundo intentaba hundirle. Bueno, eran ellos o él, la paz no sería posible. Porque si alguien se preocupara de verdad, se habría tomado al menos un momento, para tratar de comprender la desilusión de los demás. Recuérdalo: “Nadie dijo que este juego al que llamamos vida fuera justo”.
El tiempo pasó, y el joven se fue para conocer el frío, pensaba en él como su hogar. Porque si no había nada que valiera la pena, prefería estar solo. Y si todavía la llamaba por costumbre, era sólo porque el amor ya se había acabado. A pesar de todo, no dejaba de preguntarse una cosa: “¿Si hiciera bien las cosas, le confiaría su amor de nuevo?”, como cuando ambos sabían que lo tenían. Pero el daño ya estaba hecho, y los dos estaban huyendo del amor otra vez.
Resulta curioso que todo fueran rosas, cuando tenían el fuego entre sus manos. Sin embargo, sólo porque estuvieran ganando en el amor, no quería decir que en realidad fueran afortunados.

Versión libre de “Breakdown”, del Álbum “Use Your Illusion II” (1991)
Art. Guns ’n Roses

Guns N Roses Use Your Illusion II Breakdown Axl Rose Slash
Foto: Portada del Álbum “Use Your Illusion II” (1991) Art. Guns ’n Roses

domingo, 29 de enero de 2017

El último sueño

Tal vez aquel bosque sombrío hubiera conocido noches más oscuras, una inmensa Luna llena iluminaba con todo su esplendor el rocío de las hojas. Pero sólo por aquello no iba a ser una escena más amable, el viento golpeaba con violencia una y otra vez las ramas de los árboles. La fuerza del aire era tan intensa que la ansiedad comenzó a invadir a las criaturas que había por allí, y no tardarían en mostrarlo con toda clase de sonidos. Sin recordar cómo había llegado hasta allí, una joven abrió los ojos de repente y se encontró a sí misma tumbada sobre un lecho de hojas secas. ¿Era aquello un sueño? O, mejor dicho, ¿era aquello una pesadilla?
Lo primero que pensó ella fue que aquello no podía ser real, ¡era absurdo! ¿Cómo podía haber aparecido en un lugar así sin acordarse de nada? Y aunque al principio trató de mantener la calma, convencida de que su mente le estaba jugando una mala pasada, el miedo empezó a extenderse poco a poco por su cuerpo. Sin previo aviso, un lobo que no debía de andar muy lejos lanzó un aullido feroz, silenciando por completo al resto de los animales. Convertida en presa del pánico, la joven no pudo resistir más tras escucharlo, así que echó a correr desesperadamente. Mientras corría sin parar, todo le parecía cada vez más y más real. Sus esperanzas de que aquello no fuera más que una ilusión comenzaron a diluirse entre la niebla, tenía la angustiosa sensación de que nunca sería capaz de encontrar la salida. Sin embargo, cuando ya estaba a punto de tirar la toalla, sucedió algo que ya parecía del todo imposible.
¡Una casa ante sus ojos! ¡Y en mitad de la nada! Está claro que tiene que ser una pesadilla, ¡demasiadas historias de miedo!, se dijo a sí misma. Y si todo aquello era real, no tendría una oportunidad mejor para pedir ayuda o, al menos, eso era lo que creía. Sin pensárselo dos veces, avanzó con paso firme hacia la entrada. Su pulso se detuvo por un momento cuando, después de llamar varias veces, la puerta se abrió de par en par. Quizás lo mejor en ese momento habría sido darse la vuelta y marcharse de allí, pero estaba tan aturdida por la situación que decidió adentrarse en la casa. Ya no sabía qué creer, sólo deseaba que todo aquello terminara de una vez. Por fortuna o por desgracia, no iba a tener que esperar mucho más, todas sus dudas se despejarían al fin, cuando algo tan frío como el acero comenzó a deslizarse por su cuello lentamente.

La Matanza de Texas The Texas Chainsaw Massacre Marcus Nispel Jessica Biel
Foto: La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre) (2003) Dir. Marcus Nispel

viernes, 27 de enero de 2017

Iniciativa: Seamos Seguidores

Seamos seguidores es una iniciativa pensada para crear una pequeña comunidad de blogs que se conozcan y colaboren entre sí. Sobre todo está dirigida para aquellos que están dando sus primeros pasos en la red, ¡como nosotros! Entre el mantenimiento del blog, el trabajo de las entradas y la vida personal de cada uno, a veces resulta difícil dedicar tiempo para conocer otros blogs interesantes. Así que me ha parecido una iniciativa excelente y participaré en ella sin dudarlo.

¿Queréis saber en qué consiste?

Es muy sencillo. En primer lugar, debéis seguir mi blog y después dejar un comentario en esta entrada con el enlace a vuestro blog, para que yo también os pueda seguir.
Finalmente, sólo tenéis que llevaros esta imagen y esta explicación a vuestro blog para que otras personas os puedan seguir y sepan que colaboráis con esta iniciativa, así podréis seguir también a los que os comenten.
Espero vuestros comentarios una vez que me sigáis y estaré encantado de visitaros y seguiros, ¡pero acordaos de dejar el enlace a vuestro blog!

domingo, 22 de enero de 2017

A día de ayer

Nada más poner el pie de nuevo en aquella vieja casa, cientos de imágenes escaparon del olvido para invadir su mente. Y aunque ya nada fuera como antes, tenía la extraña sensación de que aquel lugar seguía siendo el mismo de siempre. Todo estaba revuelto, como si por allí hubiera pasado un huracán, y el negro de las paredes no se parecía en nada a los brillantes colores que un día tiñieron su vida de alegría. Sin embargo, podía respirarse algo en el aire que le hizo volver atrás en el tiempo, pasando por alto que los años, y tal vez algo más, le habían robado lo que un día fue su vida.
Las risas inocentes de sus hijos se escuchaban en cada uno de los rincones de la casa, y el suelo parecía crujir al ritmo de sus primeros pasos. Aquello le pareció tan real que, sin darse cuenta, comenzó a correr por el pasillo como un niño más, con la esperanza de que los suyos podrían estar al doblar la esquina. Cuando vio que allí no había nadie, su ilusión se esfumó tan rápido como le había invadido, pero el delirio volvería de nuevo al escuchar la tierna voz de su esposa bajando desde el piso de arriba. Subió las escaleras de madera como una exhalación, soñando que cada escalón que subía le acercaba más al amor de su vida. Una vez más, la realidad acabó de un plumazo con la fantasía. Su antigua habitación estaba vacía, fue entonces cuando comprendió que su pasado ya no iba a volver. Abatido por completo, su mirada se perdió en el infinito, hasta que sus ojos dieron con una imagen desoladora. A través de los cristales rotos de la ventana, pudo ver que todo a su alrededor eran cenizas, su antigua casa era la única que todavía quedaba en pie.
Su corazón se negaba a aceptarlo, pero la dura realidad era que ya nada volvería a ser igual. El pasado había atrapado para siempre a su vida, junto a todo aquello que una vez amó. Habían pasado más de diez años desde que dejó su hogar, por culpa del egoísmo de unos hombres que, irónicamente, fueron los primeros en caer en aquella guerra que acabó con el mundo. Todo parecía haber llegado a su fin, al menos para él, pero tal vez todavía hubiera un pequeño hueco para la esperanza, al igual que entre las paredes de su viejo hogar. El futuro estaba ahora en las manos de un hombre que, aunque aún viviera en el pasado, no tenía más remedio que seguir mirando hacia delante.

Foto: El Planeta de los Simios (Planet of the Apes) (1968) Dir. Franklin Schaffner

jueves, 22 de diciembre de 2016

A través del lienzo, La ruta de las delicias: El Infierno (Parte 2)

Lo más sencillo para él habría sido esfumarse del cuadro y volver al museo en aquel preciso instante, pero apenas acababa de llegar, y entre cada viaje su hermana y él tenían que esperar alrededor de media hora. En cualquier caso, marcharse sin Mary no era una opción, así que inspiró todo el aire que sus pulmones le permitieron y empezó a correr tan rápido como pudo hacia la lejana ciudad en llamas. Al echar su cabeza hacia atrás, se dio cuenta de que todos los curiosos personajes que había por allí le estaban persiguiendo. Un cerdo con un velo de monja y un conejo con aspecto de cazador fueron los únicos que logró distinguir, las demás criaturas no se parecían a nada que hubiera visto antes. “¡Daos prisa o éste también se escapará! –exclamaba uno de ellos, refiriéndose probablemente a Mary– ¡cogedle o el amo volverá a castigarnos!”. Por suerte, resultó ser que ninguno de ellos era demasiado rápido, por lo que al fin pudo llegar a la ciudad llameante sin ser atrapado. Las calles de aquel sitio comenzaron a llenarse de toda clase de seres, cada uno más raro que el anterior, portando desde antorchas hasta tridentes afilados a más no poder. Michael no tuvo más remedio que esconderse en el primer callejón que encontró, por alguna razón no iban a parar hasta que lograran ponerle la mano encima.
Mary llevaba años agotando la paciencia de su hermano, cada vez que visitaban un museo cometía la misma travesura, y a Michael no le quedaba más remedio que ir detrás de ella. Aunque después de cada una de sus escapadas –o, al menos, así es como a ella le gustaba llamarlo– siempre prometía que no volvería a hacerlo sin avisar, la joven nunca fue capaz de cumplir su palabra. “¡Es la última vez que voy a por ella! –se decía el muchacho a sí mismo, enfurecido a la vez que asfixiado por un calor abrasador–, ¡la próxima vez tendrá que arreglárselas ella sola!”. Sin embargo, a pesar de que nunca antes había estado tan enfadado, en el fondo era un gran alivio para él saber que su hermana había conseguido escapar de las garras de aquellas criaturas. De repente, cuando parecía que ya nada podía ir a peor,  la tierra empezó a temblar violentamente. Michael se asomó a la esquina del callejón para descubrir qué estaba ocurriendo, fue en ese momento cuando comprendió por qué los lugareños temían tanto la furia de su señor. El amo del Infierno acababa de llegar a la ciudad, y todo apuntaba a que iba a unirse a los demás en su búsqueda. El joven quedó aterrorizado en cuanto lo vio, un gigante con cabeza de pájaro y un caldero por sombrero, sabía que aquel monstruo era capaz de devorar a una persona en un abrir y cerrar de ojos.

Capítulo anterior:

A través del lienzo, La ruta de las delicias: El Infierno (Parte 1):
http://lasvidasquenofueron.blogspot.com.es/2016/12/a-traves-del-lienzo-la-ruta-de-las-delicias-el-infierno-parte-1.html

Continuará en:

A través del lienzo, La ruta de las delicias: El Jardín (Parte 1) 

Cristo en el Limbo El Bosco
Foto: Cristo en el Limbo (≈1575 d.C.) Art. Seguidor de El Bosco